La Técnica Alexander es una metodología de aprendizaje que trabaja para facilitar el equilibrio de la persona en relación con su cuerpo y su mente, con una mirada integradora.
De pequeños disponemos de una coordinación postural y motriz natural, qué a lo largo de los años tiende a disminuir.
Frente a situaciones concretas –estrés, ansiedad, miedo, presión, etc.–, respondemos con una reacción corporal personal que solemos repetir, originando así, nuestro patrón reactivo de uso habitual.
Al cabo de un tiempo, incorporamos tales respuestas que nos resultan familiares, y como consecuencia creamos un mal hábito que perjudica nuestra coordinación postural y motriz natural.
La técnica, desarrollada a finales del siglo XIX por el australiano Frederick Matthias Alexander, nos enseña a parar y prestar atención para entender cómo realizamos un movimiento.
«La Técnica Alexander es atención plena sin tensión»
El tiempo y la observación atenta nos permite ser conscientes de cómo optimizar nuestro uso y la cantidad de energía que necesitamos en cada una de nuestras actividades.
Como resultado la Técnica Alexander nos genera bienestar, nos facilita calma y serenidad. Aquieta nuestros pensamientos y nos ofrece estabilidad física y mental.



¿Quién fue Alexander y por qué desarrolló esta técnica?
Frederick Matthias Alexander (1869–1955) fue un actor teatral de Tasmania (Australia) que, en pleno auge de su carrera, empezó a sufrir frecuentes pérdidas de voz.
Los médicos no hallaban ningún problema físico: no tenía patologías que pudieran explicarlo.
Determinado a salvar su voz y su vocación, emprendió un proceso de autoobservación frente a espejos.
Y descubrió que, al esforzarse por hablar o recitar, tensaba de forma inconsciente su cuello y todo su cuerpo, lo cual le provocaba más rigidez.
A través de años de estudio constante, Alexander identificó que muchos otros también actuaban de forma inconsciente con su cuerpo, creando tensiones innecesarias.
Su gran hallazgo fue que, modificando esos patrones automáticos —lo que él denominó “uso de uno mismo”—, casi cualquier movimiento diario podía hacerse de forma mucho más eficiente, libre y sin dolor.
De actor pasó a maestro e investigador: desarrolló un método educativo centrado en restablecer la relación natural entre cabeza, cuello y columna, y acumuló décadas de enseñanzas en Londres y Estados Unidos.
Gracias a su técnica, pudo recuperar su voz, retomar su carrera y comenzó a entrenar tanto a artistas —actores, cantantes, músicos, bailarines— como a personas con dolores o estrés.
Hoy la Técnica Alexander es un enfoque reconocidamente eficaz de integración cuerpo‑mente.
Se practica en sesiones individuales, donde el alumno aprende a desactivar patrones tensionales para moverse, respirar y expresarse con mayor libertad, a través de una instrucción más organizada.
Aunque se originó en torno a problemas específicos de voz, se demostró que los beneficios abarcan desde la mejora postural hasta la gestión del estrés, dolores crónicos o incluso el apoyo en enfermedades como el Parkinson.
Beneficios de la Técnica Alexander para tu cuerpo y mente
La Técnica Alexander no es una terapia, ni un ejercicio físico, ni una moda pasajera.
Es un proceso educativo que te enseña a reconocer y transformar los hábitos inconscientes de tensión que afectan tu cuerpo, tu respiración, tu movimiento y tu estado emocional.
Muchas personas que acuden a esta práctica lo hacen tras haber probado múltiples métodos sin resultados duraderos.
Sienten que “algo no fluye” en su cuerpo y perciben una incomodidad constante.
Que su rigidez, dolor o malestar emocional no se resuelve con estiramientos, medicación o fuerza de voluntad.
La Técnica Alexander actúa ahí: en la raíz invisible de esos patrones que sostienen el malestar.
Estos son los principales beneficios de la Técnica Alexander:
- Alivio del dolor crónico y las tensiones musculares (espalda, cuello, mandíbula, hombros…).
- Mejora de la postura y del equilibrio corporal, sin forzar ni corregir desde fuera.
- Mayor consciencia corporal y emocional: aprendes a habitar tu cuerpo de forma más presente.
- Reducción del estrés y de la ansiedad, gracias a un enfoque que integra cuerpo y mente.
- Mejor coordinación en actividades cotidianas o profesionales (caminar, sentarse, hablar, tocar un instrumento…).
- Prevención de lesiones y mejora de la eficiencia del movimiento.
- Aumento de la energía y la serenidad interna, al reducir el esfuerzo innecesario.
“No se trata de hacer más, sino de hacer menos con más inteligencia y menos tensión.”
Este método no busca que aprendas algo nuevo desde cero, sino que desaprendas lo que interfiere en tu bienestar natural.
Por eso puede ayudarte tanto si tienes dolor físico, como si sientes ansiedad, fatiga o simplemente desconexión contigo mismo.
Y lo mejor es que los beneficios de la Técnica Alexander no terminan en las clases: los llevarás contigo a tu día a día.
Ejercicios de la Técnica Alexander: cómo se practica en la vida real
La Técnica Alexander te propone reeducar tu forma de sentarte, caminar, respirar, hablar, coger peso, trabajar en el ordenador o simplemente estar de pie.
Cada sesión es una experiencia práctica donde aprendes, con ayuda de una guía profesional, a detener los automatismos que generan tensión innecesaria y a permitir que el cuerpo se organice con mayor libertad.
Ejemplos de las dinámicas que se practican en una sesión:
- Levantarte y sentarte de una silla con atención a tu cuerpo.
- Caminar observando el equilibrio y el tono muscular sin rigidez.
- Estar tumbado en reposo (posición semisupina) para soltar tensiones profundas.
- Respirar sin esfuerzo, dejando que el aire fluya sin controlarlo.
- Traer consciencia al uso del cuello, la cabeza y la columna en todo momento.
- Acciones o inquietudes de cada alumno en particular
Estas prácticas no se quedan en la sesión: el verdadero ejercicio es llevar la consciencia corporal a tu vida real.
A cómo te mueves cuando subes escaleras, te lavas los dientes, estás en una reunión o manejas el estrés.
“No es lo que haces, sino cómo lo haces lo que transforma tu bienestar.”
La Técnica Alexander no te exige fuerza ni flexibilidad.
Solo presencia, atención y disposición a descubrir una nueva relación con tu cuerpo.
Y lo que empiezas a practicar en la sesión, poco a poco se convierte en una forma distinta —y más sana— de habitar tu día a día.



Como resultado la Técnica Alexander nos genera bienestar, nos facilita calma y serenidad. Aquieta nuestros pensamientos y nos ofrece estabilidad física y mental.